Que hagas lo que hagas vas a salir herido, como si decides hacerle caso a tus corazonadas o no, sufrirás a la larga o simplemente por no decir las cosas cuando tocan. Y es que, a veces es tan inevitable sufrir y doler, al fin y al cabo es algo humano. El dolor es bueno, es nuestra única forma de saber que las cosas no van bien. Como un aviso 'sal de ahí antes de que te rompan el corazón en dos' algo así viene a ser. Pero, lo peor de el dolor es que nosotros no estamos dispuestos a hacerle caso. ¿Qué masoquistas nosotros no? Cuánto más nos duele más nos empeñamos en seguir con la historia y con todo aquello que nos provoca el daño. Tampoco digo que a la mínima tengáis que salir corriendo y alejaros de todo aquello que os provoca dolor, porque tampoco es así, pero si saber los limites. Que en el momento que sobrepasas tus propios limites la culpa ya no viene a ser del que hace el daño sino del que se lo ha permitido.
Y queridos amigos eso es precisamente lo que me ha pasado a mi. Estaba tan preocupada en querer recuperar lo que tanto quería y perdí que ni me di cuenta de que él vino para hacerme daño y que al hacerme daño cogió y se fue así sin más. La culpa ya no era suya, era mía por permitir que hiciera conmigo todo el daño que quisiera y por dejar que acabará conmigo. Y bueno, si era totalmente evitable, pero me cegué todo que vi lo que me hizo. Vino, me hizo daño y se fue, cogió sus cosas, sus palabras y se fue.
Se fue y aún no ha vuelto, pero ya va siendo hora de dejar de engañarme, tampoco volverá. Todos lo sabéis y yo lo empiezo a admitir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario