Para que todo llegué a esa maldita sonrisa que me provoca tanto dolor pero a la vez tanta felicidad. Esa maldita sonrisa y esos preciosos ojos marrones. ¿Qué no iba a querer alguien con una sonrisa y unos ojos así? Algo inevitable, como todo, simplemente inevitable.
Por una vez, para y escucha a tu corazón, a tus corazonadas y te darás cuenta de que tus latidos nunca han dejado de decir mi nombre. Que después de tanto tiempo es lo único que has tenido siempre claro, lo único que ha permanecido en tu mente después de tantas peleas y tantos enfadados, siempre has tenido claro que me querías pero eso siempre ha sido lo que más has ignorado. Viva la ignorancia y claro, como estas acostumbrado a ignorar lo que sientes o lo que dice tu corazón ya ni siquiera lo tienes en cuenta.
Ayy chico, que fuiste demasiado cobarde, que tu peor error fue dejarme ir y no luchar por mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario