domingo, 21 de julio de 2013

He vuelto a escribir(te).

En verdad no me importa que no fuese romántico o que no le viese las 24 horas del día, porque de esa forma aprendí a valorar más las pocas cosas que hacía como regalarme una flor que se encontraba en el suelo o regalarme el boli que use para tatuar su mano y la pared de te quiero's. En realidad yo no necesitaba que lo fuese, yo sabía como era y sabía que tenía. Valoraba más el poco tiempo que pasaba con él, aprendí a descifrar todas sus miradas, cada gesto etc. En verdad, con él lo tenía todo, tenía quien se quedará hablando conmigo hasta las tantas, quien me abrazará cuando tenía frío o cuando se me caía el mundo encima, pero lo mejor de todo era que tenía con quien picarme. Suena tontería, pero me encantaba picarle, le picaba por todo. Era jodidamente increíble lo tonto que se ponía por una tontería y la cara de niño pequeño que se le quedaba al hacerlo (y eso lo echo de menos). Y a veces lo único que necesitas es un vídeo de un tonto bailando y cantando durante 23 segundos para volver a reír y darte cuenta de que una risa de las buenas sólo es capaz de sacarte ese tonto, tú tonto. Y que ese vídeo, esas risas, ese boli y esa flor valen más que cualquier otra cosa que otra persona pueda ofrecerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario