Tus llamadas nocturnas, tus besos debajo de mi ventana, tu pie de talla 43 al lado de mi pie talla 38, tus manos enlazadas con las mías. Y vuelvo a bajar las 14 escaleras de mi casa y vuelves a estar tú ahí abajo esperándome, y que sea siempre así por favor. Que vengas con aún más ganas cuando me faltan a mi, que vengas con sonrisas para cuando a mi me cuesta sonreír. Y de pronto nuestros ojos se volvieron a encontrar y todo parecía volver a encajar. Volvíamos a estar tan locos el uno por el otro, y nadie era capaz de impedirnos nada. Volvíamos a ser nosotros, sólo nosotros dos. Porque sí, es cierto que ciertos besos saben mejor de ciertas bocas. Y los besos de su boca, sus abrazos, su sonrisa de niño tonto. Que pocos, por no decir nadie, entenderéis como puedo seguir estando loca por él después de toda la mierda que me han dado al largo de 4 años o como puedo volverme tan tonta cuando se trata de él. Pero los que me entendéis comprendéis cada paso o cada gesto que hago cuando pasa por mi lado, comprendéis las ganas que tengo de decirle todo lo que le debí haber dicho justo hace casi dos años. Pocos entenderéis como puedo seguir aquí dejándome la piel por él cuando todas se bajan las bragas por él, tampoco entenderéis porque me haya vuelto totalmente inmune a sus palabras y a sus gestos.
Pero no os preocupéis, que yo tampoco acabo de entenderlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario